Libia, 19 de marzo de 2011. Las tropas internacionales han tomado una decisión, bombardear Libia con el presunto objetivo de echar al tirano Gadafi del poder. Otra vez más, bombardeos "selectivos" han destruido parcialmente los objetivos estratégicos. Aunque, las armas siguen siendo armas. La pólvora sigue siendo un instrumento inventado con el fin de matar, asesinar y, por consiguiente, romper la moral del enemigo. Uno se pregunta porque desde pequeños se nos enseña aquella cultura que llaman "de la paz", cuando a la hora de la verdad, parece que solo con misiles tomahawk se arreglan los asuntos. Tarde, muy tarde, demasiado tarde. Es evidente que la denominada alianza internacional ha actuado de forma prepotente y tardía. Seamos honestos, por una vez. A lo largo de años y más años, todos los líderes mundiales reían las gracias del amigo Gadafi. Claro está, un hombre cargado de dinero, con petróleo para todos y con un peculiar modo de vida. Aquí nadie hablaba de ideologías, ni de derechos humanos.
A nadie le preocupaba cuantos presos vivían en condiciones paupérrimas bajo las oscuras y frías prisiones que se escondían en el subsuelo de Libia. Explotó la revuelta y todo el mundo miró hacia otro lado. Mientras el precio del petróleo no se vea afectado, "que se maten entre ellos". Había posibilidades de cambiar el rumbo. Se podía presionar al tirano con medidas "democráticas". Ahogándole en su mierda, amenazándole con bloqueos económicos. Podrían haberse desplegado cascos azules, fuerzas "de paz". Pero no, quizás mejor permitir que el país se sumergiera en un caos sin igual. Eso si, de mientras, los líderes mundiales se jactaban de sus reuniones periódicas, de sus debates al tiempo que dejaban claro que, a pesar de haber compartido lujuriosas noches de fiesta con el líder Muamar el Gadafi. ¿Alguien se acuerda de la visita del coronel libio a España?
El autoproclamado "Che Guevara árabe", aunque tal vez se asemejaba más a Stalin, hizo gala de su prepotencia cuando visitó España en 2007. Supuestamente, vino a estrechar lazos económicos. Eso si, su presencia no pasó desapercibida. Un multitudinario harén de jóvenes vírgenes, una camella y una lujosa jaima son algunas principales excentricidades que el coronel trajo consigo. Una espectacular puesta en escena que, a la hora de la verdad, tenía como principal objetivo cerrar la venta, a cambio de una suculenta cantidad de dinero (se especula con una cifra superior a los 1.500 millones de euros) , de armamento de fabricación española al país árabe. Zapatero sonreía y todos le reían las gracias al bueno de Gadafi.
La situación cambió. Y España es uno de los países que ha apoyado los bombardeos "selectivos". Sin embargo, todos sabemos que las bombas no son inteligentes. Conocemos de sobras que siempre habrá "daños colaterales". Entendemos que un país que ya está sumergido en el caos, no podrá salir de este si se le destruyen infraestructuras. Y lo que es peor, ¿cuantos civiles muertos harán falta para que Gadafi se vaya por la fuerza? A buenos horas han hecho algo. Y es que sin duda, podemos afirmar que, en esta ocasión, es peor el remedio que la enfermedad.
Gadafi y los daños colaterales no importan. Lo que importa es que el precio del barril vuelva a situarse alrededor de los 100 dólares.
ResponderSuprimirElementalmente vivimos en un mundo de hipocresía extrema...
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