El curioso caso de Maó (ciudad menorquina a la que sus autoridades pretenden cambiar el nombre oficial por Mahón - tal y como se conoce en lengua española) da mucho que pensar. Y es que no se entiende
como algunos se cabrean tanto por la españolización del nombre de la ciudad
menorquina, mientras siguen siguen empeñados en traducir, en catalán, Huesca por Osca, Teruel por Terol
o Cuenca por Conca (ni tan siquiera los equipos de fútbol se salvan de las estúpidas traducciones).
Evidentemente, Maó debe seguir siendo Maó (o Mô, como algunos de sus habitantes la llaman), pero Huesca
también debe seguir siendo Huesca. Ni unos ni otros. Somos vecinos y
tenemos la suerte de dominar perfectamente el catalán y el castellano,
por los que podemos respetar los nombres de las ciudades, tal y como sus
ciudadanos las mencionan. Ciudades de
Dinamarca, Suecia o Swazilandia, se entiende, son un caso aparte.
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