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martes, 15 de mayo de 2012

Las sombras sin luces de Tim Burton

Sombras tenebrosas (Dark Shadows) se puede explicar como una mezcla facilona a base de colorantes (de exquisita calidad, como no podía ser de otra forma siendo un producto horneado por el gran Tim Burton), con un final basado descaradamente en otro refrito de la talla de Crepúsculo (el amor vampírico y la necesidad de convertirse para que este sea eterno e incluso la aparición espectacular de un híbrido entre mujer y lobo). El espectador también podrá encontrar otras referencias a filmes como La muerte os sienta tan bien (la mala de la película busca la juventud eterna mediante la brujería) o La Familia Adams (el caserío tenebroso y la presentación de la peculiar familia Collins), entre muchas otras. 

Un producto divertido para una tarde de domingo (se recomienda comprar un menú de palomitas y un vaso grande refresco), pero decepcionante para quien espere asistir a otro espectáculo de fuegos artificiales «made in Tim Burton». Lo bueno, que Johnny Depp da la talla, como era de esperar, aunque se acerca más al sobre-explotado humor del Capitán Jack Sparrow de Piratas del Caribe que no al enorme William Blake de Dead Man, obra maestra de Jim Jarmusch. Le falta ambición y le sobra maquillaje, aunque como producto comercial / familiar, seguro que funciona a la perfección. Y no se puede negar que tiene una serie de escenas dignas de carcajada. Pero, le falta....

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Avatar: ecologismo de ciencia ficción

James Cameron ha vuelto por la puerta grande. Hacía ni más ni menos que doce años desde que la exitosa Titanic arrasó en todo el mundo siendo, por aquel entonces, la película más cara de la historia del cine. El nuevo trabajo nada tiene que ver con aquella romántica historia con trágico final que, al fin y al cabo, todo el mundo ya conocía. Avatar es una historia, en cierto modo recurrente, pasada por el filtro de la ciencia ficción. También es una fábula llena de metáforas y mensajes ocultos que transmite sensaciones entrecruzadas. Seguro que se acuerdan de aquellas películas protagonizada por una tribu salvaje que habitaba felizmente en la selva, hasta que un empresario despiadado decidía construir una lujosa urbanización en el paraje natural. Una historia que nada tiene de ficción en la mayor parte de los casos. Solo hay que recordar las nefastas consecuencias que el imperialismo de las poderosas multinacionales ejerció, principalmente, en África y América Latina. No importa si se destruyen los frondosos bosques, ni si se exterminan centenares de especies animales, ni si se asesina a sangre fría a un poblado entero. Todo vale para obtener los beneficios más altos posibles. Es la ley de la oferta y la demanda. Es el capitalismo en su más voraz expresión. El caso es que películas tan distintas como son Lambada y Bailando con lobos hacían hincapié en la necesidad de preservar la naturaleza, defender a los animales y presionar a los gobiernos para que terminen con las prácticas criminales de las grandes corporaciones. Avatar le da la vuelta a la tortilla.

En un mundo futurista, en el que la humanidad ha agotado ya los recursos naturales de la tierra, una compañía explota las minas de un planeta, curiosamente, llamado Pandora. Debido a las duras condiciones con las que los obreros se encuentran para realizar su trabajo, un grupo de mercenarios fuertemente armados se responsabiliza de la seguridad. Y es que los invasores terrestres no están solos en el planeta. Los nativos, a los que se les llama Na'vi, son un pueblo que convive en una casi perfecta armonía con la naturaleza del planeta. Ante los ojos de la sociedad moderna, los Na'vi son una sociedad que vive a años luz de lo que se entiende por mundo civilizado. Son en cierto modo una sociedad ancestral basada en las formas tribales, asemejándose a los indios que poblaban el continente americano antes que los colonos anglosajones les exterminaran. En la lucha por dominar a los nativos, los humanos fabrican un ser híbrido, mezclando el ADN humano con el de los Na'vi. Este es como una especie de robot que debe ser dominado por un humano y que tiene la labor de infiltrarse en el pueblo nativo e informar a los mercenarios.

Evidentemente no faltan las historias entrecruzadas clásicas en el cine contemporáneo. En buena medida, hallamos casi todas las funciones narrativas de Propp. La historia de amor, la escena de sexo y la profunda transformación del héroe principal, en este caso llamado Jake Sully. Es imprescindible que mencione los asombrosos efectos especiales, que nos muestran auténticos paraísos naturales con la vegetación más espectacular y los animales más inimaginables posibles. Brillante trabajo. También destaca la creación de un idioma especial para la película. El na'vi, una lengua creada por Paul Frommer, doctor en lingüística. A pesar de todo esto, una de las peculiaridades que más llaman la atención, es la cuidada explicación del porqué es tan importante preservar la naturaleza. En este aspecto, resulta interesante comprobar que Avatar, a diferencia de otras películas con historia similar, no es un vulgar panfleto en favor de la causa ecologista sino que se adentra en la reflexión más profunda e inteligente. Los Na'vi no rezan a unos dioses prefabricados que solo sirven para mantener el poder y justificar las barbaries, sino que respetan a un dios mucho más real y útil: la naturaleza. Asimismo, destaca el hecho de que los nativos no creen en la intervención de la divinidad, en su caso un árbol mágico, ya que la principal función de esta es mantener el equilibrio entre las fuerzas naturales. La sociedad na'vi tampoco es perfecta, sin embargo sabe mantener un equilibrio que le da la fuerza necesaria para sobrevivir.

No puedo obviar los fines comerciales del trabajo de Cameron. Es evidente que nos hallamos ante un producto para las masas con un presupuesto de 300 millones de dólares. A pesar de todo esto, debo afirmar que merece la pena puesto que el espectador que lo desee puede hallar miles de hilos argumentales dentro de la historia, reflexionando así sobre sus incontables metáforas con las que sacar vitales conclusiones. Todos queremos ser un na'vi y habitar en Pandora!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Gordos (o lo que se esconde en una barriga)

No hace muchos meses que una compañía irlandesa de vuelos de bajo coste estuvo dando vueltas a la posibilidad de establecer una "tasa para gordos". La idea consistía en aplicar una tarifa especial para aquellas personas con un nivel de masa corporal superior a los cánones que la sociedad establece como validos. La polémica desatada y otras circunstancias que se desconocen hicieron que los responsables de la compañía abandonaran la idea. La obesidad es, probablemente, uno de los mayores problemas de las sociedades occidentales. No solo por los evidentes problemas de salud que alguien con exceso de peso puede padecer, sino también por los estigmas, la discriminación y los traumas que se pueden generar en el individuo con exceso de peso.

El realizador Daniel Sánchez Arevalo, con su película Gordos, nos muestra sin pudor la fragilidad del ser humano, incluyendo todos aquellos mecanismos que cada uno desarrolla con tal de compadecerse a si mismo y justificarse delante del resto. Sin caer en fáciles moralismos ni tópicos absurdos, la película se sirve del problema de la obesidad para introducirse en los miedos, las inseguridades y la retorcida falsedad que siempre queremos aparentar. Desde la sexualidad hasta las relaciones de pareja, pasando por la soledad, la familia, los lazos de conveniencia, los bloqueos o el miedo a ser uno mismo. Cinco historias enlazadas entre ellas por un grupo de terapia. Personajes muy bien trabajados que nos demuestran que incluso aquel individuo que aparenta ser el más cuerdo, puede encontrarse sumergido en su particular fracaso.

A destacar el buen trabajo de Antonio de la Torre, quien tuvo que engordar 33 kilos con tal de meterse en el papel de Enrique, la cara televisiva de una conocida marca de pastillas para adelgazar que en realidad sufre su propia pesadilla. Un hombre que ofrece un falso rostro ante las cámaras de la televenta, puesto que en realidad necesita comer para intentar paliar una ansiedad que le acecha sin cesar. A pesar de que algunas críticos sostienen que Sanchez Arévalo ha intentado comprimir en una sola película demasiadas historias, la realidad es que podemos sacar una intepretación única y elemental: la debilidad, la incertidumbre, la falta de autoestima y el ritmo galopante de una sociedad que cada vez es menos humana, nos conduce irremediablemente a elegir caminos incorrectos, descuidando nuestra salud y olvidando los verdaderos motivos que siempre nos han hecho sentir vivos. Aunque esta sea una lección que no todos los espectadores habrán observado.