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jueves, 1 de agosto de 2013

Malas costumbres

España vive un ciclo caótico cuyo fin no parece vislumbrarse, a corto plazo. La situación empeora, aunque el gobierno conservador de Mariano Rajoy mantenga esa insistencia enfermiza en hablar de brotes verdes y de mejoras que poco a poco "vamos viendo" y que, como no podía ser de otra forma, son fruto de ese conjunto de eufemismos estructurales a los que su partido ha sometido la ciudadanía, con el pretexto y/o la amenaza de que si no se tomaban, el país se iba a pique. Una reforma laboral que solo sirve para aumentar el número de parados, una subida del IVA que mina el consumo y destruye la cultura, una reforma laboral que ya amenaza con dejar a miles de jóvenes sin el derecho a formarse o una privatización encubierta de la sanidad pública que, lejos de solucionar problemas, va a provocar que solo los que gozan de una privilegiada situación económica, puedan tener opciones de tratarse cualquier enfermedad. Un desastre monumental cuyas consecuencias serán inevitablemente nefastas para el futuro. 

A todo eso, y aunque el señor presidente del gobierno español insista en que son temas menores a los que solo la justicia tiene dar respuestas, el escándalo de la corrupción hace salir verdaderos brotes verdes, pero de putrefacción, en todo el territorio. La clase política pide sacrificios a los ciudadanos y socializa las culpas de la recesión que vive el país. En otras palabras, pide que nos muramos si estamos enfermos, que comamos insectos, que nos olvidemos de gozar de unas vacaciones, que no protestemos, que obedezcamos al amado líder, o sea él, y que nos duchemos con agua fría. Por hacer un pequeño resumen, a modo de ejemplo sencillo. 

Tenga o no tenga responsabilidades directas, el presidente Rajoy tendría que haber comparecido con inmediatez. Precisamente porque es el presidente del gobierno de España. Precisamente porque es quien debe dar la cara por el país. Sencillamente porque el señor Bárcenas fue el tesorero de su partido, y mienta o no, tuvo el apoyo del señor Rajoy. Solo cuando la situación se volvió tensa de verdad, el presidente decidió comparecer. Eso si, para no decir apenas nada. Para contraatacar a la oposición (un mecanismo que vienen usando a lo largo de toda la legislatura, con el fin de no responder nunca a las preguntas que se les formulan en el parlamento), contar cuentos para niños, recibir aplausos por parte de sus fieles soldados y justificar lo injustificable. 

Hoy 1 de agosto, a las 9 de la mañana, Mariano Rajoy ha dedicado una comparecencia a hablar de lo mejor que va el país. Que el paro baje en 200.000 personas es positivo, pero no deja de ser un dato circunstancial, si nos atendemos a la llegada del verano, los contratos temporales y a todos aquellos que tiraron la toalla o huyeron a buscarse la vida en otro país. Disculpen la comparación, pero en el caso del empleo, es como si, en el trágico accidente ferroviario de Santiago, en vez de 79 muertos, los fallecidos hubieran sido 55. No sería precisamente una buena noticia, puesto que la tragedia seguiría siendo trágica, y las causas, las mismas. Es necesario observar que el problema laboral, además de los seis millones de parados, lo peor, sin duda, también debe mirarse des de la óptica de quienes si tienen trabajo. 

Precariedad, inseguridad, falta de derechos, sueldos cada vez más bajos y cierre de empresas, tiendas y comercios, en general o expulsión de científicos formados en España, que se tiene que ir a otro país, para que se les permita investigar como mejorar el mundo. Sintomático es que hoy en día, ser mileurista, está considerado como un privilegio envidiado por todos.

A todo esto, mejor vayamos al bar. Hablemos de pornografía bizarra, de inmoralidades perversas en un país que sobrevive sin esperanzas de renacer. Centremos en lo que realmente importa. De Neymar y los más de 60 millones que el Barça gastó en su fichaje o de la foto de Messi con una misteriosa señorita. Aunque eso si, el Barça tiene una responsabilidad social de lujo. Debatamos si el Madrid será capaz de abonar 100 millones de euros al Tottenham por Gareth Bale o del miedo de Cristiano Ronaldo (al que a veces nos venden como un futbolista comprometido con los problemas del mundo, porque juega un partido al año en favor de los niños pobres de Burundi) a perder protagonismo en las portadas de las revistas con la posible llegada de la estrella galesa. Nos hemos acostumbrado a vivir en la sombra. En una dimensión desconocida en la que, sin estar cómodos, no se nos exige actuar. 

Nos hemos acostumbrado a ver la vida pasar, a sentirnos parte de un club de fútbol solo porque nos compramos su camiseta, a precio de oro, y el presidente de la entidad nos dice que nos necesita. Por desgracia, despertaremos cuando nos hayan echado de ese trabajo maravilloso con el que apenas ganamos mil euros al mes. Tendremos un  despertar excesivamente amargo cuando un familiar se muera en un hospital público, por la falta de recursos destinados a la sanidad o por no poder pagar de nuestro bolsillo su tratamiento. Estamos demasiado adormecidos. Mal acostumbrados a no ser quienes debemos ser. 

  

domingo, 19 de septiembre de 2010

Hasta siempre Labordeta

Pocas palabras se pueden decir ante la magnitud de un personaje como es, y seguirá siendo José Antonio Labordeta. Un polifacético individuo que nunca dejó de sorprender por su calidad humana, su coherencia ideológica y sus canciones llenas de vitalidad, justicia y puñetazos sobre la mesa. Nos dejó «el abuelo» de Aragón, a los 75 años. Se fue con su espíritu salvaje, con su amor por la naturaleza, que tan bien mostró con aquellos magníficos documentales de «Un país en la mochila». Se marchó en un viaje sin retorno por aquellos paraísos naturales que tanto amaba, con aquellas pautas de conciencia social que no dejaron títere con cabeza, con aquel genio propio del único político capaz de ser autentico, sin fingir, sin caer en el narcisismo más repugnante. Un hombre que entendió la política como lo que es, la lucha por un mundo mejor, los ideales de justicia, la libertad del individuo por encima de cualquier bien material y, lo que muchos deberían anotar, la necesidad de progresar juntos como sociedad, con el derecho a vivir dignamente sin fisuras. Labordeta se marchó sin hacer ruido, sin llamar la atención, sin alterar la vida de nadie. Se fue por sorpresa, en medio de un mundo que, lamentablemente, poco se parece a lo que él siempre defendió. Nunca fue un ídolo, nunca vendió camisetas, nunca quiso ser el abanderado de ese falso socialismo de panfleto que muchos defienden a capa y espada. Un tipo humilde, campechano, inteligente y que sin duda, ya forma parte de la historia. Seguiremos con un canto a la libertad, hasta que esta palabra cobre el sentido del que actualmente no goza. «A la mierda» con las guerras y las injusticias. Hasta siempre Labordeta.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Eufemismo "a la italiana"

La violencia es verdaderamente repugnante. Es capaz de convertir al más violento en un beato santificado, de ocultar las injusticias y de aumentar la censura de la libertad de expresión. Silvio Berlusconi fue atacado el pasado domingo, según las fuentes oficiales, por un "perturbado". Es evidente que ver la deplorable imagen de "Il Cavaliere" con el rostro ensangrentado nos impactó e irremediablemente, nos hizo surgir un pequeño sentimiento de pena. Alabar este tipo de agresiones no es propio de una sociedad democrática pero, al igual que muchos, a mi también se me pasó por la cabeza la idea de "se lo merece". Y siendo coherentes, quizás Berlusconi no merecía que le rompieran la boca con una reproducción en miniatura del Duomo, pero si merece ser castigado por la larga lista de delitos cometidos en sus mandatos. La coacción, la represión, el despotismo o la manipulación de los medios de comunicación, censurando a todo aquel quien se atreva a ser crítico con las políticas de su gobierno, constituyen sin duda, junto a la más que probada corrupción, motivos suficientes como para que alguien sea destituido del poder para ser juzgado y condenado.

Europa ha superado, afortunadamente, la aplicación de la Ley del Talión basada en el ojo por ojo, por lo que la violencia no justifica más violencia. A pesar de esto, no se puede obviar que Berlusconi es un ser violento. Sus bromas machistas, su actitud totalitaria, su falta de respeto a los inmigrantes o sus políticas que dejan en la pobreza más extrema a millones de personas constituyen una amenaza para la paz en el país. Curiosamente, parece que pocos se atreven a hablar con claridad. Ahora parece que los políticos de todo el mundo prefieren seguir haciendo la vista gorda y, al mismo tiempo, apoyar al primer ministro italiano en unos momentos tan duros. Él mismo se vanagloria de ser un beato "lleno de amor" perseguido por un "clima de odio". En este grupo de "violentos" están los jueces, los periodistas incómodos, los líderes ecologistas, los movimientos de izquierdas y, como no, los temibles comunistas.

Estoy seguro de que son muchos los que sintieron algo parecido a lo que yo cuando vieron las imágenes de la agresión, sin embargo prefieren contribuir a convertir Berlusconi en una víctima de la crispación que vive el país, ironías de la vida, que el mismo ha fabricado. Al fin y al cabo, parece ser que el suceso le ha venido bien a Berlusconi. Ahora tiene más poder para tapar la boca de todos aquellos que se atrevan a criticarle aunque, eso si, cambiando el verbo "censurar" por "apaciguar".

jueves, 11 de junio de 2009

Los anarquistas ganaron las elecciones del 7-J

La derecha gana , la izquierda retrocede a unos niveles alarmantes, la abstención bate mínimos históricos y entre tanto, la democracia se sumerge a una crisis nunca vista. Estas son, a grandes rasgos, algunas de las principales lecturas que el pasado domingo por la noche, justo después de conocerse los resultados de las últimas elecciones europeas, los grandes medios de comunicación españoles. Todos insistían en analizar dichos resultados en clave interna, es decir, que según muchos analistas, el Partido Popular estaría más cerca de conseguir de nuevo la presidencia en detrimento de un Partido Socialista abatido por los malos resultados. Nada más lejos de la realidad, pocos se han centrado en lo que realmente importa. La abstención de la mayor parte de la ciudadanía significa mucho. Que la gente no vote, más allá de las típicas excusas sobre si van a la playa o a la montaña, significa que existe un cansancio, un desencanto. Quizás la sociedad está harta. La lectura interna pasaría por un profundo análisis sobre el porqué el índice de abstención ha sido tan alto. Es obvio que las elecciones europeas jamás han despertado demasiado interés.

Algunas reflexiones básicas

a- La derecha ha conseguido mayor número de escaños por la misma regla de siempre. Los votantes conservadores siempre votan. Los de izquierdas no lo hacen a no ser que haya una movilización a gran escala.

b- La tradicional fragmentación de la izquierda, por pequeñas e insignificantes diferencias, contrasta con la unión en bloque de la derecha.

c- La socialdemocracia necesita una refundación, un ambicioso cambio de estrategia. El planteamiento que llevan años utilizando ha hecho aguas y el votante ya no ve en los partidos socialistas una alternativa sino un espejo suavizado de la derecha reaccionaria.

d- El auge de la extrema derecha era más que previsible con la crisis económica azotando a todo el mundo. Los gobiernos apenas han hecho nada para combatir la demagogia barata de ciertas formaciones que saben como llegar a los que no tienen para llegar a fin de mes. Finlandia, Bélgica e Inglaterra han visto como partidos fascistoides han obtenido grandes resultados. En la República Checa, un partido prometió en su campaña "una solución final para la cuestión gitana". La izquierda debería reflexionar sobre su postura acerca de la inmigración masiva sin miedo a parecer conservador.

e- Las notas alegres de estas elecciones, desde mi punto de vista, han sido el buen resultado de lo verdes franceses (con más del 15% de los votos totales) y el escaño conseguido por el Partido Pirata de Suecia. Aunque es obvio que no servirá para mucho, por lo menos alguien defenderá el derecho a descargar material y, por encima de todo, intentará evitar el corte de la conexión a quienes utilicen redes P2P. Los gobiernos y la industria del ocio deben adaptarse a los tiempos modernos. Hay que reinventarse.

f- Si nos esforzamos en obviar la realidad, podríamos afirmar que los claros ganadores de estas elecciones son, ni más ni menos, que los grupos anarquistas que, des de siempre, piden la abstención en todas les elecciones. Y aunque hay que ser cautos con el avance de la derecha, y más en especial de la extrema derecha, se deben analizar los resultados tal y como son. No se puede hablar de victoria clara de la ideología conservadora, ni tampoco de fracaso histórico de la izquierda centrista (autodenominada como socialdemocracia).

domingo, 7 de junio de 2009

¿Cómo puede Berlusconi gobernar Italia?

Directamente relacionado con la mafia más corrupta, dueño de uno de los grandes equipos de fútbol del país, el Milán y magnate de los grandes medios de comunicación italianos (con un largo historial de censuras, abusos y ataques a la libertad de expresión) que salta las fronteras del país transalpino. La cadena televisiva española Telecinco, la productora Endemol y un largo etcétera de medios repartidos por toda Europa son de su propiedad. Silvio Berlusconi suelta frases groseras e insultantes contra la mujer y barbaridades como surecomendación a los afectados por los mortales terremotosque sacudieron la zona de los Abruzos, en el centro del país, el pasado mes de abril ("tomaros todo esto como si estuvierais de vacaciones en un camping"). A pesar de todo esto, Berlusconi se hace llamar Il Cavalieri, como si de un distinguido y educado señor se tratara. Una contradicción en toda regla.

Lo más curioso es que a pesar de atesorar en su historial una cantidad de escándalos, polémicas y posibles delitos de fraude económico solo equiparables a su inmensa fortuna, Berlusconi sigue paseando por Europa como si de un honorable político se tratara. En su país el pueblo le venera, y es que si alguien tiene la osadía de criticar a Il Cavalieres, pronto pierde su trabajo o se ve encerrado entre rejas. Como un déspota salido de la sociedad de otro siglo, este señor cosecha polémicas como quien hace churros. Sin ir más lejos, esta semana, el primer ministro italiano ha interpuesto una demanda contra el diario español El País, por la publicación de unas fotos tomadas en su residencia de la isla de Cerdeña dónde Il Cavaliere hace gala de su fama de seductor de jovencitas, junto con amiguetes invitados como el político checo Mirek Topolanek. Las imágenes no dejan lugar a dudas mostrando quien es realmente este señor que sigue gobernando el ingobernable país que es Italia. Según el primer ministro italiano, la publicación de dichas fotos constituyen "una agresión escandalosa". Por su lado, Topolonek reconoce ser el alegre señor que aparece en las imágenes, al más puro estilo de un viejo verde, aunque puntualiza que "es un montaje socialista".

Y aunque el derecho a la intimidad debería ser algo sagrado, cuando alguien ocupa un cargo público de primer nivel, decidiendo a la vez la información que se publica, la que se censura y la que se manipula, presidiendo uno de los clubes de fútbol más poderosos de Europa y, sin eufemismos que valgan, ejerciendo el digno papel de un dictador totalitario, debe ser mucho más cauto con aquello que hace en su vida privada. Berlusconi ha insultado y degradado a centenares de personas, ha tapado las bocas que gritaban por la libertad, ha resucitado los viejos fantasmas de la dictadura de Mussolini y, lo más triste, ha conseguido ser popular y caer en gracia. Nadie entiende como tal personaje puede seguir gobernando Italia, aunque uno sospecha que tal contradicción es la regla que confirma que los medios de comunicación de masas tienen el poder. La información es mucho más valiosa de lo que pensamos.

martes, 6 de enero de 2009

El odio genera odio en Gaza

De "Territorio Vergara". Diario Público . 4/01/09

Se podrá decir que el mundo musulmán no es precisamente el paradigma de la democracia. Se podrá criticar que muchos musulmanes no respetan a la mujer, que no entienden de libertades, que no aprecian los placeres de ser uno mismo, que desprecian cualquier síntoma de despertar de un largo letargo anclado en el pasado más tradicional y conservador... Se podrían decir muchas cosas, pero ninguna de ellas podría justificar las acciones de un pueblo que, bajo el escudo de un pasado oscuro lleno de violencia al que intentaron exterminar, se burla de la libertad y la democracia para matar y liquidar aquello que nunca fue suyo.

Si señores, odio hablar del conflicto palestino. Me harta escuchar siempre las mismas historias, los mismos argumentos, las mismas reivindicaciones a favor de Palestina. Detesto este énfasis con el que algunos pretenden igualar tal conflicto con el de los catalanes o los vascos (craso y estúpido error). Siempre he querido mantenerme cercano al margen, intentando no caer en las contradicciones de ciertos nacionalistas empedernidos que, a falta de una justificación para sus ideales, buscan reflejar su inexistente conflicto a otros que nada tienen que ver.

El caso es que otra vez, Israel ha vuelto a las andadas. A matar indiscriminadamente, a destruir un pueblo, a nublar las esperanzas de paz y, en resumen, a amargar la existencia de sus vecinos. Es obvio, y nada nuevo, que los grupos terroristas palestinos no son precisamente unos santos barones, sin embargo es totalmente injustificable que se ataque de tal manera a un pueblo débil, asediado por la pobreza como es Palestina por el mero hecho de que cuatro individuos se aprovechen de la incertidumbre y la depresión de la juventud, para alzar una guerra santa contra el mundo. Sería lógico que el ejército español y francés decidieran bombardear Bilbao para terminar con ETA?.

Pero si existe algo más repugnante, es que los que lanzan y empuñan las armas de la destrucción (bien servidas por los Estados Unidos mediante las altas esferas del sionismo empresarial) se crean con el derecho de matar, recordando que ellos fueron víctimas de un holocausto. No se puede seguir negando que Israel está haciendo a día de hoy un genocidio que se salta todo derecho humano establecido. Como ya sucedió en Líbano (verano de 2006), se siguen unos esquemas que conducen y generan odio, matando y aniquilando a quienes menos tiene. Y es que por algo será que no se quiere que los medios de comunicación muestren lo que está pasando.

Sin caer en alarmismos, pero el odio genera odio, y tarde o temprano, Israel lo puede pagar, y muy caro.

lunes, 15 de diciembre de 2008

"On a le droit de se révolter"

Gritaban aquellos jóvenes enfurecidos del mayo del 68 en Francia, el reivindicativo lema "On a le droit de se révolter" (Tenemos derecho a rebelarnos). El sistema económico había fracasado, la sociedad de todo el mundo estaba rota por una crisis que, más allá de lo económico, hacía hincapié en las pautas morales establecidas que hasta entonces habían determinado la frontera entre el bien y el mal. Pasó a la historia este mayo francés como uno de los episodios más relevantes de la historia de la lucha social en la era moderna. Años más tardes, finalizando ya la primera década del nuevo milenio, muchos de estos alborotadores, soñadores, utópicos y revolucionarios visten sus trajes, pagan religiosamente su hipoteca y rehuyen de los panfletos antisistema. Tampoco hay que exagerar, es difícil, por no decir imposible, luchar contra un sistema tan bien arraigado del que nadie puede escapar. La realidad y la necesidad de vivir, condicionan a cualquier individuo a la hora de seguir con el camino de una revolución, que de antemano se sabe ya derrotada, o entrar a formar parte de este engranaje que integra un sistema económico inestable, unos valores que pretenden dibujar un orden social que no ponga en peligro el consumismo y una moral que adoctrina a la sociedad para anular toda capacidad de razón.

En los últimos años se han repetido un sinfín de pequeñas revueltas sociales. Manifestaciones en la calle, luchas sindicales, reivindicaciones por parte de los más jóvenes y un malestar que poco a poco se ha ido transformando en ideas que buscan la reacción. Si el mundo se puso en alerta cuando aquellos jóvenes franceses, hijos de la inmigración africana residentes en las barriadas más humildes de París, salieron a la calle para reivindicar su legitimo derecho a tener las mismas oportunidades que cualquier otro francés, más ha impactado la revuelta ocurrida en Grecia después del asesinato del adolescente de apenas 16 años, Alexander Grigoropulos, por parte de un policía. Sin duda cabe recalcar que el pueblo estaba completamente desmoralizado por las consecuencias de una crisis económica y una gestión pésima del dinero público por parte del gobierno que hace estragos y destruye todos los sueños. La muerte del joven anarquista fue la chispa que encendió los ánimos. Empresas que cierran y dejan desamparados a centenares de trabajadores a los que nada les queda para sobrevivir, jóvenes que han invertido años en sacarse unas licenciaturas universitarias que de nada les sirven para obtener un trabajo, sueldos mínimos que rondan los 700 euros, desesperación de la clase media y baja, mentiras que después de haber sido ocultadas durante años ahora salen a la luz y una depresión social que augura pocas salidas y destruye esperanzas.

Mucho se ha hablado entorno a unos hechos que puede que pasen a la historia como la revuelta de Grecia. Los analistas buscan explicaciones, los banqueros andan preocupados al ver como las previsiones de ganancias bajan alarmantemente, la sociedad está cada vez más harta y los mandatarios prosiguen reuniéndose para reír y hacer planes que a ningún lado llevan. Y lo más preocupante es que todo esto no solo es aplicable al caso griego, sino a todo el mundo. La crisis parecía un fantasma que pasaría en poco tiempo sin dejar demasiadas grietas abiertas en el sistema. Así nos lo contaron, así nos lo creímos. Pero la realidad es que en todo el planeta los despidos empiezan a ser el pan de cada día, la hegemonía de la sociedad del bienestar de desvanece y el sistema empieza a temblar mostrando su enorme debilidad. Tampoco sería sensato hablar de revoluciones radicales, véase el falso paradigma de la de Rusia en 1917, pero si que podemos afirmar que existe una incipiente reacción por parte de la sociedad. Posiblemente esta se deba a la necesidad de vivir con unos mínimos requisitos que ahora mismo nadie puede garantizar. Estamos delante de una revolución que, por el bien del mundo, debería resolver esas grietas abiertas desde hace años y reconstruir el sistema o cambiando las raíces del vigente.

El mundo debe responder. Los intelectuales tienen que dejar de lado sus viejas ideologías ya oxidadas para ejercer de moderadores en un nuevo marco social, los individuos deben empezar a usar la razón para, inequívocamente, ser protagonistas de un nuevo concepto de revolución que tiene el deber de ajustar una estructura más fuerte y decisiva que disminuya los riegos de romperse. El equilibrio es posible, pero se necesitan nuevos paradigmas que dibujen verdades y eliminen las fronteras de la injusticia. El ser humano no es perfecto, por lo que sería estúpido soñar con un sistema ideal y sin desequilibrios. Solo si se abandona la costumbre de acomodarse, dejando de trabajar y luchar para el equilibrio, será posible un futuro que brinde oportunidades a todos y muestre los caminos de la igualdad.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El fin de la tragicomedia de Bush

Escribió William Shakespeare en su magnífica tragedia Hamlet: "Something is rotten in the state of Denmark (Algo está podrido en el estado de Dinamarca)". El alabado dramaturgo escribió esta frase, muy obvia a simple vista, refiriéndose no solo a la política, sino también a la situación temporal en la que se encuentra cada cosa. Cuando algo está podrido, es imposible invertir su proceso y salvarlo, por lo que tomaremos esta calificación como una metáfora para referirnos a la gran nación norteamericana.

Los Estados Unidos, el país de la libertad y la igualdad, la joven nación que domina económicamente y culturalmente a todo el planeta, el paradigma de la patria poderosa se encuentra en una situación histórica que algunos van a definir como putrefacta y otros como esperanzadora. La era de George W. Bush ha terminado, aunque lamentablemente se irá de la Casa Blanca después de agotar sus dos mandatos y sin que nadie le haya podido echar antes. Ni Al Gore, ni John Kerry, ni Michael Moore con sus documentales, ni Sean Penn, ni el activismo de Bruce Springsteen, James Taylor, Pearl Jam, Dixie Chicks, Jackson Browne, REM o Ben Harper entre otros, con su plataforma Vota por el Cambio, ni los dos discos Rock Against Bush, sacados por la coalición de bandas de punk-rock lideradas por NOFX y Green Day, ni las mentiras ocultas que la administración republicana utilizó para invadir Iraq. Nadie consiguió terminar con la tormenta que ha traído consecuencias catastróficas para el país, y por defecto, para todo el mundo.

La crisis económica hace estragos en la sociedad, el anunciado cambio climático va dejando de ser algo lejano al que todos tememos para convertirse en una realidad que afecta nuestras vidas y, en conclusión, el capitalismo y el liberalismo como sistemas eficaces y equilibrados quedan en entredicho porque nunca puede ser bueno que el dinero vaya por delante de las personas. Algunos os preguntaréis si todo esto tiene tanto que ver con Bush y su mandato, y la verdad es que aparentemente se nos inculca que todos somos culpables de los males del mundo, que todos deberíamos reciclar para fomentar un equilibrio ecológico, que con nuestro consumo potenciamos este sistema y que gracias al capitalismo tenemos todo lo que tenemos. No es momento para debatir sobre si el capitalismo es o no el sistema ideal, pero lo que está claro es que quien "corta el bacalao" y controla el mundo es Estados Unidos, su sistema político, sus empresas y sus ansias por querer más y más. La "americanización" es un hecho.

El hambre de construir una nueva realidad ha hecho reaccionar a la sociedad, y es que hemos asistido a un período que ha desestabilizado por completo el mundo. Tanta expectación hay entorno a las elecciones, que incluso la famosa cadena de cafeterías Starbucks ha prometido invitar a un café a todos aquellos que voten, a quien sea, pero que voten. Obama ha lanzado, en su último discurso electoral, un mensaje de optimismo diciendo que "estamos a un día de cambiar América". Puede que por fin el anhelado sueño americano cambie sus directrices para dirigirse hacia una realidad sostenible, aunque por supuesto, nunca será perfecta.