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lunes, 10 de octubre de 2011

El timo legal del 905

Hace relativamente poco tiempo me llegó a casa una factura de ONO. No le presté atención, puesto que di por hecho que me cobrarían la cantidad estipulada por el contrato que en su día firmé con dicha compañía para tener Internet y tele´fono (con llamadas nacionales). Al cabo de pocas semanas, empecé a recibir llamadas de un teléfono desconocido, con prefijo 96 (el correspondiente a Valencia). No acostumbro a coger estas llamadas, dado que doy por sentado que son compañías telefónicas que intentan venderte humo ofreciéndote el oro y el moro. No obstante, las llamadas empezaron a intensificarse, todos los días 3 o 4 veces al día me llamaban al móvil desde ese número. Al final, decidí cogerlo con el objetivo de decir aquello de "no, no me interesa, gracias". Sin embargo me encontré con una sorprendente noticia. Me llamaban del Departamento de Cobro de ONO para informarme que tenía una deuda pendiente de pago que ascendía a 198 euros. Ante tal situación no dudé en preguntar cual era el origen de tan sorprendente factura, dado que no me constaba que nadie en mi piso, éramos tres, hubiera podido gastar tanto. La respuesta de la telefonista, una chica con pocas luces que no dejaba de explicarme las formas de pago con las que podía solucionar dicha "incidencia", fue que en la madrugada del 23 de julio se habían realizado una serie de llamadas al teléfono 905 50 50 50. Sorpresa! Me contaba, y así lo comprobé, que en la noche del sábado 23 de julio no había nadie en mi piso.  Andábamos todos fuera de Barcelona disfrutando alegremente de nuestras merecidas vacaciones. Intenté, sin éxito alguno, dialogar con la telefonista, que en todo momento me habló como un robot, tratándome de mentiroso y utilizando siempre las mismas frases, referentes siempre a cómo podía realizar el pago de la factura pendiente.

Así las cosas, ha pasado ya más de un mes, y por traslado me di de baja como usuario de esta compañía. El caso es que el departamento de cobro ha seguido molestándome día tras día y, bajo ningún concepto, se han molestado en escucharme ni pasarme con el departamento de reclamaciones. Curioso, pero tengo la sensación que su táctica pasa por agotar al cliente y que este termine pagando para no seguir recibiendo más llamadas. Después de investigar un poco supe que el 905 50 50 50 es un número de "tarificación adicional", es decir, el conocido timo del 905, y más en concreto el número del "espacio" Premios por un tubo!, que se ve que se emite en La Sexta y Marca Tv. La empresa que "presta" esos servicios se llama Mediageneris (que por lo que he podido ver, pertenece al grupo Canal Català) No he podido entender aún como en la madrugada del 23 de julio se realizaron esta serie de "llamadas fantasma" (más de un centenar de llamadas que se efectuaron entre las 2'30 y las 4'40, muchas de ellas con apenas unos segundos de diferencia), y desconozco aún si la culpa es de ONO o bien de la empresa propietaria del número. He tenido que denunciar los hechos ante la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones (Setsi), organismo perteneciente al Ministerio de Industria de España, aunque las señoritas del departamento de cobro de ONO siguen con la obsesión de llamarme todos los días para informarme de como puedo pagar la cantidad adeudada. Es más, un día se me ocurrió discutir con una de esas señoritas, y todo lo que supo decirme, después de contarle los hechos de principio a fin, es que cualquier otra compañía me cobraría también esas llamadas. (Sorpresa!).

 No comprendo porqué se persigue a los que practican timos tan conocidos como el de la estampita mientras se permite que esas empresas roben sin más, de forma totalmente legal, tanto al ingenuo usuario que llama porque cree que ganará 3.000 euros por adivinar una estúpida palabra, como al usuario de compañías como ONO que sin ni tan siquiera estar presentes en su casa, se le facturan una cantidad de llamadas absurdas y totalmente falsas. Tampoco entiendo como la compañía telefónica, ONO en mi caso, permite que le pinchen las líneas y que se cometan atracos a mano armada. Bien, si, lo entiendo perfectamente, toda esta situación me hace pensar sin dudarlo que ambas compañías (ONO y Mediageneris, en mi caso), están más que asociadas para robar al usuario. De otro modo, no se entiende. Una recomendación: en primer lugar, bloquea las llamadas a los números de tarificación adicional. en segundo lugar, si tienes previsto contratar ONO, yo que tu, lo pensaría dos veces.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Avatar: ecologismo de ciencia ficción

James Cameron ha vuelto por la puerta grande. Hacía ni más ni menos que doce años desde que la exitosa Titanic arrasó en todo el mundo siendo, por aquel entonces, la película más cara de la historia del cine. El nuevo trabajo nada tiene que ver con aquella romántica historia con trágico final que, al fin y al cabo, todo el mundo ya conocía. Avatar es una historia, en cierto modo recurrente, pasada por el filtro de la ciencia ficción. También es una fábula llena de metáforas y mensajes ocultos que transmite sensaciones entrecruzadas. Seguro que se acuerdan de aquellas películas protagonizada por una tribu salvaje que habitaba felizmente en la selva, hasta que un empresario despiadado decidía construir una lujosa urbanización en el paraje natural. Una historia que nada tiene de ficción en la mayor parte de los casos. Solo hay que recordar las nefastas consecuencias que el imperialismo de las poderosas multinacionales ejerció, principalmente, en África y América Latina. No importa si se destruyen los frondosos bosques, ni si se exterminan centenares de especies animales, ni si se asesina a sangre fría a un poblado entero. Todo vale para obtener los beneficios más altos posibles. Es la ley de la oferta y la demanda. Es el capitalismo en su más voraz expresión. El caso es que películas tan distintas como son Lambada y Bailando con lobos hacían hincapié en la necesidad de preservar la naturaleza, defender a los animales y presionar a los gobiernos para que terminen con las prácticas criminales de las grandes corporaciones. Avatar le da la vuelta a la tortilla.

En un mundo futurista, en el que la humanidad ha agotado ya los recursos naturales de la tierra, una compañía explota las minas de un planeta, curiosamente, llamado Pandora. Debido a las duras condiciones con las que los obreros se encuentran para realizar su trabajo, un grupo de mercenarios fuertemente armados se responsabiliza de la seguridad. Y es que los invasores terrestres no están solos en el planeta. Los nativos, a los que se les llama Na'vi, son un pueblo que convive en una casi perfecta armonía con la naturaleza del planeta. Ante los ojos de la sociedad moderna, los Na'vi son una sociedad que vive a años luz de lo que se entiende por mundo civilizado. Son en cierto modo una sociedad ancestral basada en las formas tribales, asemejándose a los indios que poblaban el continente americano antes que los colonos anglosajones les exterminaran. En la lucha por dominar a los nativos, los humanos fabrican un ser híbrido, mezclando el ADN humano con el de los Na'vi. Este es como una especie de robot que debe ser dominado por un humano y que tiene la labor de infiltrarse en el pueblo nativo e informar a los mercenarios.

Evidentemente no faltan las historias entrecruzadas clásicas en el cine contemporáneo. En buena medida, hallamos casi todas las funciones narrativas de Propp. La historia de amor, la escena de sexo y la profunda transformación del héroe principal, en este caso llamado Jake Sully. Es imprescindible que mencione los asombrosos efectos especiales, que nos muestran auténticos paraísos naturales con la vegetación más espectacular y los animales más inimaginables posibles. Brillante trabajo. También destaca la creación de un idioma especial para la película. El na'vi, una lengua creada por Paul Frommer, doctor en lingüística. A pesar de todo esto, una de las peculiaridades que más llaman la atención, es la cuidada explicación del porqué es tan importante preservar la naturaleza. En este aspecto, resulta interesante comprobar que Avatar, a diferencia de otras películas con historia similar, no es un vulgar panfleto en favor de la causa ecologista sino que se adentra en la reflexión más profunda e inteligente. Los Na'vi no rezan a unos dioses prefabricados que solo sirven para mantener el poder y justificar las barbaries, sino que respetan a un dios mucho más real y útil: la naturaleza. Asimismo, destaca el hecho de que los nativos no creen en la intervención de la divinidad, en su caso un árbol mágico, ya que la principal función de esta es mantener el equilibrio entre las fuerzas naturales. La sociedad na'vi tampoco es perfecta, sin embargo sabe mantener un equilibrio que le da la fuerza necesaria para sobrevivir.

No puedo obviar los fines comerciales del trabajo de Cameron. Es evidente que nos hallamos ante un producto para las masas con un presupuesto de 300 millones de dólares. A pesar de todo esto, debo afirmar que merece la pena puesto que el espectador que lo desee puede hallar miles de hilos argumentales dentro de la historia, reflexionando así sobre sus incontables metáforas con las que sacar vitales conclusiones. Todos queremos ser un na'vi y habitar en Pandora!

sábado, 26 de septiembre de 2009

The Go! Team: "delirium indie" (BAM '09)

Combinar lo mejor del sonido independiente de corte británico, con eléctricas dosis del funk más setentero, con el rap más ochentero y alguna que otra cucharada de folk parece una locura. Si un grupo practicara dicha fusión haría volver loco a cualquiera de esos críticos elitistas que tanto empeño ponen en buscar etiquetas de lo más pintorescas y rebuscadas. Pues existe una formación que consigue mezclar y actualizar los sonidos más genuinamente underground con una maestría que solo en concierto brilla con todo su esplendor. Los ingleses The Go! Team consiguen hacer bailar incluso al público más frío y aburrido y ayer en Barcelona ofrecieron un concierto delirante y dinámico que trasladó al público reunido en la céntrica Plaça Reial a una dimensión tan desconocida como fascinante y llena de energía positiva.

El festival BAM (Barcelona Acció Musical) del presente año se presentaba con algunas dudas sobre la calidad de su cartel. Quizás porque en la ciudad condal estamos ya muy acostumbrando a un cierto nivel en lo que respecta a los festivales y conciertos que se viene llevando a cabo en los últimos tiempos. Aunque para todo aquel que se precie de ser un amante de la música debería ser una obligación el saber buscar y descubrir nuevos grupos acudiendo a conciertos de todo tipo. Un servidor así se considera y aunque los grupos que actuaron en el concierto que ayer tuve el placer de disfrutar no son ni mucho menos unos desconocidos del panorama indie, quizás no entraban en mi biblioteca mental de formaciones a tener en cuenta.

El indomable Patrick Wolf sorprendió por su estética y puesta en escena, al mismo tiempo que gustó por un peculiar estilo que bebe de la electrónica más salvaje y caótica, el dulce y pegadizo ritmo de los violines folclóricos irlandeses, una voz grave pero a la vez flexible y una guitarra al estilo Kiss que proyecta sonidos atípicos e inverosímiles. Un músico que demuestra en el escenario su espectacular dominio de instrumentos de toda clase. El arpa, el clarinete, el piano, el órgano, la armónica, la guitarra y por supuesto, el violín dan mucha profundidad a las canciones del británico. A modo de icono gay, Patrick paseó por el escenario como una verdadera divinidad del pop contemporáneo, dando muestras de ser un soberbio músico, a la vez que un gran intérprete de gesto. Mención debo hacer también para la banda que lo acompañó, con una violinista que en todo momento acompañó la locura del cantante con unas impresionantes interpretaciones.




The Go! Team me sedujeron de principio a fin. La versatilidad estílistica de la banda de Brighton, con la leona e insaciable vocalista Nkechi Ka Egenamba "Ninja" (nacida en Londres aunque de padre nigeriano y madre con raíces egípcias) al frente y el delirio de los seis integrantes que en ningún momento pararon de bailar y moverse de un lado a otro, impactó en una Plaça Reial abarrotada de público de todas las procedencias. Abriéndome paso entre los guiris despistados que deambulaban por una ciudad que les fascina, modernas alocadas con su cartón de sangría en mano, adolescentes en busca de un compañero con quien disfrutar de la noche más allá de la música en vivo, chicos con ganas de bailar, gente que andaba buscando los marcianos después de tomar un exceso de sustancias psicotrópicas y los imprescindibles "paquis", que ofrecían en todo momento latas de cerveza frías a precio razonable, conseguí llegar a segunda fila. Enseguida me llamó la atención la diversidad de los componentes del grupo. Las asiáticas Chi Fukami Taylor (batería) y Kaori Tsuchida (batería, vocalista y teclista) aportan, junto a Ninja, un llamativo toque exótico a la banda. Y esa diversidad se ve reflejada sin duda en su estilo musical, tan anárquico como fascinante.



En algo más de una hora de actuación, The Go! Team hicieron estallar su particular volcán de ritmos con las dos baterías sonando al unísono. Canciones que en ningún momento se centran en la melodía pero que se presentan con tanta intensidad que invaden de alegría incluso al más amargado. En un par de ocasiones la formación se decantó por dar descanso a tanto baile alocado tocando canciones dulces y sencillas, con armónica y banjo incluido. Su versatilidad también se demostró mediante las rotaciones instrumentales, en algunos momentos fue Ninja quien se puso al mando de la batería para que Kaori ejerciera el papel de vocalista. Ian Parton, el fundador de la formación, estuvo un poco más frío que sus compañeros aportando el pequeño toque de seriedad necesario para mantener el equilibrio perfecto.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Gordos (o lo que se esconde en una barriga)

No hace muchos meses que una compañía irlandesa de vuelos de bajo coste estuvo dando vueltas a la posibilidad de establecer una "tasa para gordos". La idea consistía en aplicar una tarifa especial para aquellas personas con un nivel de masa corporal superior a los cánones que la sociedad establece como validos. La polémica desatada y otras circunstancias que se desconocen hicieron que los responsables de la compañía abandonaran la idea. La obesidad es, probablemente, uno de los mayores problemas de las sociedades occidentales. No solo por los evidentes problemas de salud que alguien con exceso de peso puede padecer, sino también por los estigmas, la discriminación y los traumas que se pueden generar en el individuo con exceso de peso.

El realizador Daniel Sánchez Arevalo, con su película Gordos, nos muestra sin pudor la fragilidad del ser humano, incluyendo todos aquellos mecanismos que cada uno desarrolla con tal de compadecerse a si mismo y justificarse delante del resto. Sin caer en fáciles moralismos ni tópicos absurdos, la película se sirve del problema de la obesidad para introducirse en los miedos, las inseguridades y la retorcida falsedad que siempre queremos aparentar. Desde la sexualidad hasta las relaciones de pareja, pasando por la soledad, la familia, los lazos de conveniencia, los bloqueos o el miedo a ser uno mismo. Cinco historias enlazadas entre ellas por un grupo de terapia. Personajes muy bien trabajados que nos demuestran que incluso aquel individuo que aparenta ser el más cuerdo, puede encontrarse sumergido en su particular fracaso.

A destacar el buen trabajo de Antonio de la Torre, quien tuvo que engordar 33 kilos con tal de meterse en el papel de Enrique, la cara televisiva de una conocida marca de pastillas para adelgazar que en realidad sufre su propia pesadilla. Un hombre que ofrece un falso rostro ante las cámaras de la televenta, puesto que en realidad necesita comer para intentar paliar una ansiedad que le acecha sin cesar. A pesar de que algunas críticos sostienen que Sanchez Arévalo ha intentado comprimir en una sola película demasiadas historias, la realidad es que podemos sacar una intepretación única y elemental: la debilidad, la incertidumbre, la falta de autoestima y el ritmo galopante de una sociedad que cada vez es menos humana, nos conduce irremediablemente a elegir caminos incorrectos, descuidando nuestra salud y olvidando los verdaderos motivos que siempre nos han hecho sentir vivos. Aunque esta sea una lección que no todos los espectadores habrán observado.

lunes, 27 de julio de 2009

Jason Mraz y su sombrero

De buenas costumbres e impecables modales, aunque con esa picardía que tan buen resultado da en el escenario. Ataviado con su característico sombrero, Jason Mraz saltó al escenario del Poble Espanyol de Barcelona ante un público ya entregado a la música de este norteamericano con raíces checas, que aunque algunos ya le hayan etiquetado como artista revelación, lleva a sus espaldas una larga trayectoria llena de éxitos y reconocimientos. Era la segunda vez en pocos meses que Mraz venía a Barcelona, el pasado marzo la Sala Razzmataz tuvo que colgar el cartel de "no hay entradas" semanas antes del concierto. Las condiciones para esta segunda visita del músico eran sin duda idóneas. Verano, escenario al aire libre y una previsible perfecta comunión entre su música y el público asistente. La primera en subir al escenario fue la mejicana Ximena Sariñana , quien tuvo la difícil misión de hacer de maestra de ceremonias antes de la actuación de Mraz. Sus melodías lentas y pesadas, un estilo que intentaba acercarse a su paisana Julieta Venegas, aunque sin lograrlo en ningún momento, hicieron que el público se empezara a impacientar. No es costumbre mía la de criticar a los teloneros, pero en esta ocasión si puedo afirmar que Sariñana carece de esa chispa básica para llegar realmente lejos. Quizás es buena música, demostró desenvolverse con bastante solvencia en el teclado, pero su pecado es querer imitar y no impregnar sus canciones con algo más que melodías que, sin caer en ningún tópico, parecían fabricadas todas con el mismo patrón. A pesar de esto, cabe decir Sariñana, con una larga trayectoria como actriz en telenovelas latinas, puso ganas y pudo arrancar algún que otro aplauso, aunque solo gracias a su tímida simpatía.


Puntualmente a las diez de la noche, subió al escenario Jason Mraz. Debo reconocer que antes de acudir a este concierto, apenas me había fijado en su música. A pesar de saber de su existencia, nunca puse los cinco sentidos a la hora de escuchar como es debido su repertorio. Empezó el concierto a ritmo de película, bailando con un estilo impecable y abriendo el apetito a un público enloquecido que no dejó de cantar y aplaudir al músico. Era previsible que habría entre el público una nutrida representación de adolescentes chillonas que, como es de costumbre a esa edad, apenas saben apreciar la calidad de la música de su ídolo. Sin embargo, gran parte del público estaba integrado por gente que sabía perfectamente lo que iba a ver, cosa que sin duda se notó a lo largo de la hora y media en que Mraz estuvo tocando. Sin desprenderse del sombrero en ningún momento, solo se le cayó en medio de uno de esos bailes efervescentes con los que nos deleitó, el norteamericano puso rumbo directo a un recital lleno de eclecticismo rítmico y gran calidad. Mención imprescindible debo hacer a la banda que le acompaña en su gira. El enorme, en todos los sentidos, Toca Rivera, puso magia y simpatía en la percusión, la sección de viento estuvo magistral y sorprendió al público desapareciendo en medio del concierto, para tocar de repente metidos en un balcón. Un guiño de magia que enloqueció a todos los presentes.


La noche fue animándose conforme Mraz seguía cantando y mostrando unas indiscutibles artes como artista polivalente. Además de ser un músico con muchos años sobre los escenarios, demostró tener una gran clase como actor de gesto, y es que no en vano estudió teatro musical en la American Musical and Dramatic Academy de Nueva York. El apoteosis llegó con la interpretación de temas como el hit I'm yours, o Life is wonderful y Butterfly. Mal resultado dio la interpretación, a dúo con Ximena Sariñana, de Lucky en versión española. Hay canciones que precisan ser cantadas siempre tal y como fueron escritas en su momento puesto que al cambiar el idioma, pierden su esencia. Sin embargo solo fue un pequeño desajuste en una calurosa noche de verano en la que Jason Mraz demostró que las etiquetas comerciales y las campañas de marketing le sobran. Las versiones de All night long de Lionel Richie, primero, y de Three little Birds de Bob Marley, segundo, con el "Every little thing is gonna be alright" entonado al unísono por el público y el cantante, pusieron la guinda a una actuación, con el permiso de Jason, "para quitarse el sombrero".